En los últimos años se ha iniciado una andadura hacia la arquitectura sostenible en la que se plantean ciertas técnicas y sistemas con el fin de integrar urbanismo y naturaleza, priorizando el confort y la calidad de vida de los habitantes, optimizando recursos y disminuyendo el consumo energético.

Aislamiento de edificios y cubiertas ecológicas

En los últimos años se ha iniciado una andadura hacia la arquitectura sostenible en la que se plantean ciertas técnicas y sistemas con el fin de integrar urbanismo y naturaleza, priorizando el confort y la calidad de vida de los habitantes, optimizando recursos y disminuyendo el consumo energético.

Los elementos arquitectónicos no son los responsables por sí solos de esta sostenibilidad; el éxito viene dado por su correcta disposición en el conjunto. Un buen diseño bioclimático define las distintas estrategias a llevar a cabo en una edificación para poder conseguir ese buen comportamiento energético y medioambiental de la construcción. (Luis De Garrido, Green in Green, 24, 2011)

Las cubiertas ajardinadas son, por excelencia, uno de los elementos integrantes en la arquitectura bioclimática. No solo proporcionan aislamiento térmico a la vivienda, sino que mejoran su inercia térmica, un aspecto fundamental para que los edificios, principalmente los ubicados bajo climas cálidos, puedan mantener las temperaturas más frescas de la noche de manera natural. De este modo se evita el uso de aparatos de climatización durante el día, lo cual contribuirá a un consumo energético inferior.

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Esto es lo que más nos diferencia con respecto al resto de países del norte de Europa. Mientras allí se busca el aumento de la capa de aislamiento térmico para reducir el consumo energético, aquí la solución no pasa por aumentar esa capa, ya que entonces los edificios no se enfriarían por la noche y se experimentaría un alto consumo energético, sino que debe utilizarse un envolvente arquitectónico como las fachadas ventiladas, las cuales no suponen ninguna mejora destacable en invierno pero sí en verano.

Las cubiertas ajardinadas actúan como fachadas ventiladas y deben ser algo más que una maceta colocada encima del edificio, es decir, además de vegetación, se debe realizar un aporte de masa de tierra que es lo que realmente mejora la inercia térmica del edificio.

Un estudio realizado en la cubierta ajardinada que instalamos en un centro público de Benaguacil (Valencia), proyecto E2Stormed (2013/2014), en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia y la ingeniería Green Blue Management, indica que la cubierta ajardinada tarda más en calentarse con respecto a una convencional (7-9 horas tras la temperatura ambiente máxima alcanzada) y la temperatura máxima bajo el sustrato se sitúa entre 4-6º por debajo de la temperatura máxima ambiental. Por otra parte, se detecta un ahorro energético en el uso del aire acondicionado de hasta un 30% durante el periodo veraniego. (E2STORMED project, Improvement of energy efficiency in the water cycle by the use of innovative storm water management in Smart Mediterranean cities, June 2015)

Así pues, una posible sección constructiva para una cubierta ajardinada pasaría a estar formada por el forjado del edificio, seguido por la capa aislante, y por encima la capa de formación de pendientes (realizándose la pendiente necesaria para una correcta evacuación de aguas pluviales). Sobre la capa de pendientes debe colocarse la impermeabilización, la cual debe ser resistente a las raíces. La protección de la capa impermeabilizante, especialmente durante los trabajos de construcción, es clave para garantizar definitivamente ningún riesgo de fuga. Sobre la protección se colocaría la capa de drenaje y, antes del aporte de sustrato, colocaríamos un filtro para evitar la llegada de finos a la capa drenante.

Además de aislamiento y mejora en la inercia térmica, las cubiertas ajardinadas son responsables de numerosas ventajas como la reducción de aguas de escorrentía, mitigación del efecto “isla de calor” y reutilización de espacios en desuso, entre otras muchas.

La total implantación de estas envolventes arquitectónicas pasa por una buena legislación y una correcta definición en la arquitectura sostenible, que hoy en día, y sobre todo en España, parece que empieza a hacerse notar. Podemos celebrar que ciudades principales como Madrid o Barcelona ya han dado los primeros pasos hacia esa concienciación social desde la administración pública mediante subvenciones y pruebas piloto para su fomento.