No es la primera vez que hablamos de los beneficios y ventajas de las ciudades verdes. Ahora, un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison revela que, a mayor número de plantas, más reserva hídrica y menor efecto invernadero en los núcleos urbanos.

Plantas, plantas y más plantas: solución efectiva contra el efecto invernadero de las ciudades

Aviso: este post es resultado de la traducción de un artículo de la autora Jenny Seifert en AGU Blogosphere. Nuestro objetivo es compartirlo con la comunidad de habla hispana y posteriormente emitir una opinión relacionada con nuestra actividad empresarial. El artículo original está en AGU Blogosphere.

No es la primera vez que hablamos de los beneficios y ventajas de las ciudades verdes, es decir, aquellas que habilitan mayor superficie de vegetación para contrarrestar el aumento de áreas pavimentadas e impermeables. Ahora, un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison revela que, a mayor número de plantas, más reserva hídrica y menor efecto invernadero en los núcleos urbanos.

El estudio Water Sustainability and Climate ha concluido que los picos de calor que se producen en verano y, generalmente, las consecuencias del efecto invernadero, producen un mayor estrés hídrico a las plantas de núcleos urbanos que a aquellas que se encuentran en entornos rurales. Esto es porque el aire caliente de las ciudades puede soportar mayor humedad y, por lo tanto, acelera el proceso de la transpiración de las plantas.

Es decir, si entendemos que la planta es como una pajita que absorbe agua del suelo y la echa a la atmósfera en forma de vapor, el calor que el efecto invernadero tiene sobre las ciudades y la mayor capacidad de evaporación del aire caliente provocan que la pajita cada vez se haga más grande para poder dar respuesta a un ciclo acelerado.

Sin embargo, el estudio apunta que el aumento de espacios verdes urbanos es una solución viable para poder controlar los procesos hidrológicos de nuestra ciudad y la salud de la vegetación. No sólo permitiría enfriar la atmósfera en épocas de mayor calor, sino que además regularía la transpiración de las plantas. De esta manera, se reduciría la transmisión de agua desde el suelo a la atmósfera, reduciendo la demanda hídrica y contrarrestando el efecto invernadero.

¿Lo mismo pasa en España?

De acuerdo a lo que concluyen los investigadores en este estudio, este síntoma puede ser común a cualquier ciudad. Considerando que España es un país más proclive a sufrir picos en sus temperaturas durante el verano, nuestro objetivo es fomentar la búsqueda de soluciones locales que controlen el proceso hidrológico de nuestras ciudades.

Simples acciones de acondicionamiento de espacios urbanos inutilizados, como solares o azoteas, convirtiéndolos en útiles zonas ajardinadas, pueden marcar la diferencia. En este mismo blog hemos nombrado los múltiples beneficios de convertir espacios comunes sin uso en lugares llenos de naturaleza y vegetación.

¿Por qué no regular por ley la instalación de cubiertas ajardinadas en obras de nueva construcción como hacen en Toronto? ¿Por qué no llevar a cabo la revegetación de cientos de zonas degradadas? Sin duda, las conclusiones que nos llegan desde Wisconsin nos dan conciencia de la llamada de socorro no sólo de la vegetación, sino de la gestión hídrica de nuestras ciudades.

Seguro que todos podemos hacer algo, y la solución parece estar más al alcance que nunca. Plantas, plantas y más plantas.